|
Los primeros calendarios romanos constaban sólo de diez meses, empezaban el año en marzo y terminaban en el décimo mes, diciembre. Más tarde, Numa Pompilo (716-673 a.C.) añadió otros dos: enero, dedicado a Jano, y febrero, consagrado a Plutón, dios del infierno, que sólo tenía 28 días. Al estar presidido por el señor del Hades, febrero era tenido por nefasto y en su transcurso se celebraban las Februales, fiestas de purificación y purga de enfermedades dedicadas precisamente a los muertos y a Plutón, durante las cuales se le ofrecían sacrificios. Pero para la cultura celta, febrero representó algo muy distinto y bastante más dichoso pues el día 2 se conmemoraba la fiesta del fuego, en la que se evocaba la cercana primavera que sucedía al moribundo invierno, festividad que luego adoptó el cristianismo y readaptó a su fe con el nombre de la Candelaria. Los celtas veneraban en ella al Dios niño y alababan también a la Diosa, bautizando la fecha como la de Brigantia. Febrero debe su nombre a Februarius, “mes de las fiebres”, pero no olvidemos tampoco que es el mes del alegre y voluptuoso carnaval, el tiempo feliz que antecede a la severa cuaresma cristiana. Con él va muriendo el invierno y esperamos anhelantes la resurrección de la vida en la ya cercana primavera... |